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Entrevista con ...
Entrevista realizada al profesor Manuel-Reyes Mate Rupérez
Marzo 2007.

•  Gran parte de su actividad investigadora se ha centrado en el intento de entender filosóficamente el problema de las víctimas y la obligación de memoria que nuestras sociedades tienen con ellas. Este problema ha sido traído a la agenda de la actualidad por distintos hechos como la ley de la memoria histórica, las causas judiciales abiertas contra colaboradores de dictaduras latinoamericanas, o la reciente reclamación de que, en el malogrado proceso de paz, no se olvide a las víctimas de la violencia terrorista en nuestro país. ¿Qué significa este deber de memoria con las víctimas, y qué consecuencias tiene?
   Esta explosión de la memoria a la que Vd alude tiene una larga historia. Durante siglos la memoria ha sido un asunto menor, un “sensus internus”, como decían los escolásticos, es decir, algo del orden del sentimiento y, para más INRI, connotando conservación o conservadurismo (por algo se ocupaba de ella fundamentalmente el tradicionalismo). Durante la I Guerra Mundial se opera el primer gran cambio (la memoria se asocia a la idea de un progreso con sentido) y antes de la II Guerra Mundia, el segundo (la memoria nosólo produce sentimientos sino tambiénconocimientos). Pero fue la experiencia de Auschwitz la que propicia un cambio cualitativa al aparecer, unido a esa experiencia, el deber de memoria. La memoria no sólo es necesaria para conocer bien el pasado, sino que además es un deber. El contenido de ese deber anamnético lo explica bien el filósofo Adorno cuando lo traduce por “reorientar el pensamiento y la acción para que la barbarie no se repita”. Lo que está diciendo es que estamos obligados a repensar la verdad, la política, la ética y la estética teniendo en cuenta la importancia del sufrimiento de las víctimas. La historia se ha construido sobre víctimas y no le dábamos mayor importancia porque nos parecía normal, el precio del progreso. El deber de memoria lo que nos dice es que no podemos seguir construyendo la historia con esa lógica. Nada justifica un progreso con víctimas.

•  ¿Por qué son incómodas las víctimas?
   Porque son muy exigentes. Hasta ahora la cosa era más fácil porque, aunque siempre han estado ahí, eran invisibles. Se hacían públicas en el día del entierro pero luego las pedíamos que hicieran el duelo en privado, que no interrumpieran la marcha de los acontecimientos con su presencia. Ahora son visibles y no sabemos qué hacer con ellas: unos las manipulan y otros proponen que se las compadezca. Pero ellas piden justicia que es otra cosa. Y eso exige que desglosemos bien los tipos de injusticia o daño que el criminal produce en las víctimas: hay daños privados, ceñidos a la persona, y daños políticos (por ejemplo la negación de hecho de la ciudadanía. En el acto de asesinar el criminal está mandando un mensaje: éste está de más, es superfluo, en la sociedad política a la que aspiramos con las armas). Hacer justicia es  reparar y reconocer el significado de esos daños.

•  El proyecto en el que usted participa, el empeño de construir una Filosofía después del holocausto, ¿puede proponer algunas indicaciones sobre un modelo de progreso que no produzca, como hasta ahora, el precio inevitable de las víctimas?
   El progreso es un concepto que goza de gran prestigio entre la derecha, el centro y la izquierda. No hay duda de que apunta a una lógica histórica que ha conseguido grandes logros, pero a un gran precio. Hora es de preguntarnos si el progreso está al servicio de la humanidad o la humanidad al servicio del progreso. No se trata de volver al candil sino de precisar bien esa relación entre progreso y humanidad. En el primer caso el objetivo de nuestros poderes y saberes sería la humanización del hombre; en el segundo, el hombre sería un medio para conseguir más conocimiento, más riqueza, más poder. Esta es la concepción del progreso que domina. El Holocausto es la prueba de adónde puede llegar una visión del mundo en la que el hombre no sea el fin sino un medio.

•  Otro de sus intereses se refiere al pensamiento y la tradición judía. ¿Qué puede aprenderse de la experiencia de los judíos?
   El pueblo judío es el pueblo de la memoria, es decir, piensa teniendo en cuenta el tiempo, en tanto que el logos griego pretende ser atemporal. No podemos entender la presencia creciente de la memoria en la sociedad contemporánea sin el concurso de la tradición y de la experiencia judía. En los libros de texto para alumnos de primaria y secundaria se dice que la cultura fundante de Occidente es Grecia (con un paseo por Egipto y una visita a Roma). Pero Europa es Atenas y Jerusalem. Es verdad que hemos  perseguido, expulsado y casi exterminado la herencia que viene de Israel, pero ese “olvido” es parte de nuestra tragedia. Pienso que los españoles no descubriremos quienes somos mientras no actualicemos nuestra atormentada relación con el pueblo judío. Hemos olvidado o frivolizado ese pasado en el que sin embargo están las claves de nuestrahistoria.

•  Cabría preguntarse para qué sirve la memoria. Las víctimas de acontecimientos traumáticos identifican en el recuerdo del mismo una fuente de sufrimiento y malestar, que retorna insistentemente en forma de pensamientos intrusivos, pesadillas y flashbacks que les mortifican. Ellas bien podrían hacerse la pregunta: ¿para qué recordar? La memoria, a la que se refiere en sus trabajos como una especie de terapia para nuestras sociedades, ¿sería algo diferente al recuerdo repetitivo y mortificante? ¿Quizás algo necesario para que eso dejara de repetirse?
   La memoria es peligrosa y, como decíamos, incómoda. Nada se resuelve con el mero hecho de recordar. La memoria abre heridas y por tanto sólo puede ser defendida como inicio de un proceso en el que hay que elaborar la experiencia recordada. Para llevar adelante ese proceso, cuando hablamos de víctimas producto del terrorismo,  hay que hablar en algún momento de reconciliación y de perdón. Son dos términos peligrosos porque suelen ser utilizados para frivolizar todo el proceso, por eso yo no hablo de “reconciliación nacional” sino de sutura de las heridas en la sociedad que produce el terror. Esa sutura supone recuperar para la sociedad a la víctima y al verdugo. Es un proceso complejo y difícil, pero que hay que tener presente.
   También hay que reconocer que en muchos casos particulares el olvido puede ser un momento terapéutico al que nada se puede objetar. Pero desde un punto de vista político cualquier salida a un conflicto vía olvido acaba en fracaso, es decir, obligará a que en un momento u otro se recuerde lo reprimido. Es lo que está ocurriendo en España con la guerra civil y la transición política. Hablamos de eso ahora más que nunca.

•  En estos tiempos hipermodernos, se describe a nuestras sociedades del bienestar como sociedades de riesgo, donde, a pesar de la obsesión por la seguridad, se produce una permanente inflación de víctimas. Desastres naturales, violencia doméstica, bullying, accidentes de tráfico y aéreos, mobbing, etc. ocupan los titulares de los diarios, y producen víctimas, que exigen reparación por parte de la sociedad y los poderes públicos. ¿Estamos hablando del mismo tipo de víctimas?
   No es lo mismo morir de sed porque no llueve que morir de un tiro en la nuca en una calle de San Sebastián por ser concejal  del Partido Popular o del partido Socialista. En el primer caso apuntamos a causas naturales y en el segundo a la voluntad del hombre, por eso distinguimos entre catástrofes y masacres. Dicho esto hay que añadir que las cosas son más complejas: si no llueve por efecto del cambio climático no hay manera de escapar a la responsabilidad del hombre. Yo creo que hay un hilo común entre los dos casos y es lo que Walter Benjamín llamaba “la lógica del progreso”. Tenemos muy metido dentro de nuestra cultura que para avanzar hay que “pisotear algunas florecillas al borde del camino” (sic Hegel). Estas “florecillas” en unos casos son los hombres de otra etnia y en otros atracos al medio ambiente, a los recursos naturales etc que acaban produciendo muertes humanas. Tenemos que convencernos que hoy en dia el concepto de ética va ligado al de responsabilidad. Somos responsables de nuestros actos y de la cadena de consecuencias que desencadenan  los actos que cometemos; también de los actos que no hemos cometido pero cuyas consecuencias hemos heredado (la responsabilidad histórica). Frente a la lógica del progreso (de la que forma parte una cierta apología de la violencia), interrupción de la misma.

•  Un aspecto especialmente interesante de su obra se refiere a los “avisadores del fuego”, entre los que cita a Rosenzweig, a Kafka, a Benjamin. ¿Qué significa “avisar del fuego”? ¿Qué dicen hoy estas voces sobre el futuro que nos espera?
   Brecht dice en un poema que cuando llegó la catástrofe nadie dijo ¡basta!. Entreguerras fueron pocos los que supieron ver bajo la lógica de la historia la catástrofe que se estaba incubando. La mayoría miró para otro lado o fue condescendiente con la barbarie que iba creciendo. El reducido grupo de escritores, artista o filósofos que llamaron la atención sobre la amenaza que se cernía sobre el hombre es el contingente de los “avisadores del fuego”. Lo que hay que añadir enseguida es que ni siquiera ellos pudieron imaginarse lo que luego vino. Benjamín, por ejemplo, hablaba de que el asesinato iba a convertirse en arma política y que para los oprimidos se preparaban ya los campos de concentración. Pero lo que luego vino fue más grave: no el crimen político sino el crimen contra la humanidad; no el campo de concentración para los disidentes, sino el campo de exterminio para el diferente. Lo impensado tuvo lugar y cuando eso ocurre entonces lo que ocurrió se convierte en lo que da que pensar.
Lo que esas voces dirían hoy es que la lógica de la historia no ha cambiado. El progreso, en el sentido descrito, sigue mandando hoy como ayer.


   
Manuel-Reyes Mate