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La salud mental de los menores afectados por la violencia terrorista (II)
    Las diferencias entre las reacciones psicotraumáticas agudas y tardías en niños y las que afectan a los adultos dependen, con independencia de la edad del menor, de otros factores.
Un elemento que condiciona, de modo general, la gravedad de la reacción psicotraumática es el grado de exposición a la violencia, y si dicha exposición es directa o indirecta. También la duración de la exposición a la violencia permite predecir el riesgo de desarrollo de problemas psiquiátricos en los niños (29). Este hecho es especialmente relevante en el caso del terrorismo, que no constituye en ocasiones un trauma discreto, sino un estresor crónico, una amenaza permanente y latente, porque la estrategia de los grupos violentos consiste generalmente de una serie de ataques violentos imprevisibles.
Si la literatura clásica en victimología distinguía entre estos factores relacionados directamente con el acontecimiento traumático por un lado, y los factores de vulnerabilidad personal y factores contextuales por otro, estos dos últimos grupos son los que presentan mayores diferencias entre adultos y menores de edad. Para  Masten y Coatsworth (30), mientras que la gravedad del acontecimiento traumático es un potente predictor para el desarrollo de alteraciones psicológicas posteriores en adultos, en el caso de los niños hay que tener en cuenta otros aspectos del “nicho ecológico” del menor.
Así, en el caso de menores se encuentran con más frecuencia efectos psicotraumáticos en niños no expuestos directamente al atentado terrorista (es lo que se conoce como victimización o traumatización vicaria o indirecta). La relación con personas que han sido víctimas directas de la acción terrorista, y más aún, cuando se trata de una relación estrecha, de parentesco, o de una relación de empatía, puede producir en los menores reacciones de alarma, miedo y estrés. En el caso de los atentados de Oklahoma pudo demostrarse que los niños que conocían a alguna persona que había resultado herida o fallecida tenían síntomas postraumáticos más severos. Otros autores han alertado de los síntomas de ansiedad que presentan los niños expuestos de forma indirecta al trauma a través de las imágenes difundidas por los medios de comunicación. Algunos trabajos han demostrado que los niños expuestos a imágenes televisivas de desastres y violencia pueden desarrollar síntomas de estrés postraumático (31,32), aunque la relación entre la visualización de acontecimientos traumáticos y el desarrollo de alteraciones emocionales en niños y adolescentes no está libre de cierta controversia (33)
Schuster y Cols. (34) en el estudio que realizaron a nivel nacional sobre las reacciones psicológicas tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas de Nueva York encontró que un 35% de los padres habían encontrado uno o más (según la escala SCID para niños) (35) síntomas de ansiedad en sus hijos, y que un 47% de los menores estaban preocupados por su seguridad o la seguridad de las personas cercanas. En torno a la tercera parte de los padres encuestados reconocía que había restringido el acceso de sus hijos a las imágenes televisadas sobre el atentado.
Después del atentado de Oklahoma en 1995, los niños y adolescentes que visualizaron los efectos del mismo a través de la televisión manifestaron síntomas de estrés postraumático durante los dos años posteriores a la acción violenta (36-41).
Nader y Cols. (42) también demostraron la existencia de alteraciones emocionales en niños kuwaitíes que habían presenciado imágenes de la invasión de Kuwait en 1990.
Otra serie de estudios, algunos en adultos, demostraron que, tras el ataque terrorista del 11 de Septiembre en Nueva Cork, el número de horas de televisión se relacionaba con la intensidad de la reacción de estrés. Así ocurrió en un trabajo a nivel estatal que utilizaba la técnica de la entrevista telefónica realizada 3-5 días después del atentado. Otro estudio (43) similar realizado por teléfono sobre 2001 residentes del área de Manhattan cuatro meses después del atentado demostró lo mismo en relación con las imágenes de personas cayendo o saltando al vacío, siendo el impacto psicotraumático mayor en las personas que de alguna forma habían sido directamente afectados por el ataque, y estando relacionado dicho impacto con el número de horas de televisión que habían visto esos días. Los padres además informaron que sus hijos experimentaron mucha angustia, que estaba muy relacionada con el tiempo que habían estado expuestos a las imágenes televisivas (44).
Pfefferbaum y cols. (45) recomendaron a los padres, a raíz de las pruebas antes mencionadas, controlar el acceso de sus hijos a estos contenidos.
En cualquier caso, como insisten algunos trabajos, la asociación entre síntomas de estrés y las imágenes televisivas no puede prejuzgar una relación de causalidad. Es decir, no puede afirmarse que la visualización de imágenes sea la causa de estas alteraciones emocionales, bien porque la atención y exposición excesiva a estas informaciones televisadas puede constituir un marcador precoz de la existencia de trastornos de ansiedad (por ejemplo, alguien previamente sensibilizado o que ya padece síntomas de ansiedad postraumática puede seguir con más detenimiento la información televisada de un atentado), o puede tener un efecto de simple contribución a dichos síntomas de ansiedad sin ser la causa fundamental. Con respecto a la primera posibilidad, es sabido que los niños que han sufrido previamente pérdidas personales presentan un riesgo mayor de presenciar en casa imágenes televisivas de violencia terrorista que los niños sin relación con estos eventos, lo que puede exacerban la experiencia traumática.
Algunos investigadores (46) han llegado incluso a proponer el uso del término “trauma distante” para referirse a ese acontecimiento traumático, vivenciado casi a tiempo real pero desde la distancia y una situación de seguridad, pero que puede producir efectos psicológicos (memoria, preocupaciones, síntomas, etc).Otros factores predisponentes al desarrollo de alteraciones psicológicas en menores víctimas de un atentado incluyen la exposición previa a eventos traumáticos durante los años infantiles, los problemas de conducta en la infancia, los trastornos de ansiedad previos y también la conducta antisocial, los antecedentes familiares de enfermedad mental, el temperamento sensitivo y la tendencia a internalizar/externalizar las experiencias y emociones.  Una relación más detallada de los factores predictores de la traumatización secundaria o vicaria puede verse en la Tabla I (47).

Tabla I: Predictores de traumatización vicaria
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La gravedad del acontecimiento traumático

Grado de exposición al acontecimiento traumático

Género, acontecimientos vitales

Existencia de un vínculo importante y empático con la víctima

Relación estrecha de parentesco con la víctima directa

Locus de control externo

Percepción de la amenaza

Existencia previa de problemas psicológicos o de estresores vitales

Modelos de imitación negativos

Nivel socioeconómico y educativo



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